Mi papa fue un Medico Pediatra y profesor universitario, y algo que nunca hizo fue estridencia.
Mi padre mantuvo alejados tanto a mi hermanos como a mi, del gremio medico, siempre decía que no teníamos ese espíritu, cosa en la que ademas acertó absolutamente, pero también esa fue su coraza para poder hacer, a sus anchas, la labor social que el sostenía como necesaria, pero que era como alguna vez dijo, "a la calladita para que no la jodieran".
Fue a raíz su muerte que, al menos yo, tuve la verdadera dimensión de su labor social, caracterizada esencialmente por la EFECTIVIDAD, palabra que puede sonar contradictoria en una labor social, pero que debería ser necesaria en la misma, y la PUNTUALIDAD, cubriendo la necesidad real de la persona, no lo que el que ayuda considera que es mejor. Criterios pragmáticos ante una necesidad? Claro que si.
Muchas personas que se acercaron a darme sus condolencias y me decían como mi papa les había ayudado, no solo pacientes, también colegas, subalternos, personal de los institutos de salud donde trabajo, y alumnos, entre los que, me consta, tenían un sentimiento de temor y admiración.
Mi papa no ejerció cargos políticos, los rechazaba con vehemencia y hasta con sorna, aunque fue adeco de corazón. No lo consideraba necesario, ni útil en su profesión.
No quiero ser intimista en esto, pero llamo a tu reflexión en que si alguien no sale a marchar o a devolver lacrimogenas en las avenidas, quizá este haciendo una labor en silencio, efectiva y puntual que desconoces. Como era mi papa, te aseguro hay miles de personas hoy en día. La diferencia entre lo que tenemos y lo que queremos es, en muy buena medida, el grado de racionalidad que impongamos a nuestras decisiones.
Mi padre mantuvo alejados tanto a mi hermanos como a mi, del gremio medico, siempre decía que no teníamos ese espíritu, cosa en la que ademas acertó absolutamente, pero también esa fue su coraza para poder hacer, a sus anchas, la labor social que el sostenía como necesaria, pero que era como alguna vez dijo, "a la calladita para que no la jodieran".
Fue a raíz su muerte que, al menos yo, tuve la verdadera dimensión de su labor social, caracterizada esencialmente por la EFECTIVIDAD, palabra que puede sonar contradictoria en una labor social, pero que debería ser necesaria en la misma, y la PUNTUALIDAD, cubriendo la necesidad real de la persona, no lo que el que ayuda considera que es mejor. Criterios pragmáticos ante una necesidad? Claro que si.
Muchas personas que se acercaron a darme sus condolencias y me decían como mi papa les había ayudado, no solo pacientes, también colegas, subalternos, personal de los institutos de salud donde trabajo, y alumnos, entre los que, me consta, tenían un sentimiento de temor y admiración.
Mi papa no ejerció cargos políticos, los rechazaba con vehemencia y hasta con sorna, aunque fue adeco de corazón. No lo consideraba necesario, ni útil en su profesión.
No quiero ser intimista en esto, pero llamo a tu reflexión en que si alguien no sale a marchar o a devolver lacrimogenas en las avenidas, quizá este haciendo una labor en silencio, efectiva y puntual que desconoces. Como era mi papa, te aseguro hay miles de personas hoy en día. La diferencia entre lo que tenemos y lo que queremos es, en muy buena medida, el grado de racionalidad que impongamos a nuestras decisiones.

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